lunes, 28 de marzo de 2011
domingo, 27 de marzo de 2011
Este es un fragmento del blog La Novia de Papá:
http://blogs.elpais.com/la-novia-de-papa/2011/03/me-dejo-el-miedo.html
Una vez conocí una chica. La podemos llamar L, para hacerlo a tu manera. Empezamos a salir. Bailamos, reímos, hicimos el amor, compartimos confidencias y nos enamoramos. No necesariamente en ese orden. Ambos teníamos 22 años, y estudiábamos en la misma Facultad. A los veinticuatro, decidimos irnos a vivir juntos. A los veintiocho decidimos casarnos. Unos meses antes de la boda me dejó. Sin darme un motivo, sin un grito, sin una discusión, sin odio, sin nada. Sin nada no. Me dejó algo que nunca había experimentado. Me dejó el Miedo.
Pero no es su historia la que te quiero contar sino algo que sucedió después con otra persona.
Unos meses después de que mi querida L me diera las gracias por participar, así, como quien destapa un yogur y lee “siga buscando”, pues eso, unos meses después conocí a Y.
Ella empezó a trabajar por las tardes en la misma empresa en la que yo lo hacía. Era una de esas mujeres que a mí me vuelven loco, y la verdad es que no he conocido muchas que lo hicieran, y a ninguna como Y. Tremendamente mordaz, inteligente, altiva pero accesible si uno sabe seguir las pistas, dulcísima cuando se siente a salvo, y con dos maravillosas virtudes, por si lo dicho hasta ahora a alguien no le pareciera suficiente: la capacidad de ver las cosas desde ángulos que la mayoría ni imagina y, la habilidad de tener siempre una pregunta en los labios.
Así que, bailamos, reímos, compartimos confidencias…
…y tuve miedo.
Para ser todavía más justo, te diré que ella acababa de divorciarse con treinta y tres años. De forma muy cívica y aséptica, pero no sin ciertas dosis de dolor y culpa. Y sin embargo, ella arriesgó. Se arriesgó y yo tuve miedo. Ella era lo que siempre había buscado, ahora lo sé, pero dejé que aquello pasara de largo.
Un día, por fin, aprendí a convivir con el miedo, a ser yo el que le dominara a él y no a la inversa. Era tarde. Lo intenté todo menos suplicar, creo que no daré detalles. Pero de nuevo, ella iba una página por delante.
Y y yo somos grandes amigos y nos queremos mucho. Nos vemos a veces, y bailamos, y bebemos vino, y nos contamos confidencias y ella hace preguntas y yo la hago reír. Y luego ella vuelve a su vida con su chico y yo a la mía con mi chica, cuando tenemos pareja. Ella no ha vuelto a dejar pistas y yo un día dejé de buscarlas.
FIN
No sé si te vale como historia, pero es lo que hay. Eres libre para adaptarla, cortarla, pegarla, sacar conclusiones o no hacerlo, libre para publicarla u olvidarla. Te la regalo porque, total, yo ya la he vivido.
viernes, 25 de marzo de 2011
Esta entrada no es mía...... es de mi "media bióloga" y gran amiga Sofía pero es tan sumamente preciosa y apropiada que he decidido tomársela prestada (un besazo guapa!)
Aquí os la dejo para que disfruteis de ella porque realmente merece la pena
LE IT BE..
"En el instituto, en clase de literatura, tuvimos que leer Romeo y Julieta para subir la nota.
La Señorita Snider nos hizo representar la obra. A Sam Scafarilo le tocó Romeo y a mí, cosas del destino, Julieta. Las demás estaban celosas, pero yo tenía otra opinión. Le dije a la Señorita Snider que Julieta era idiota; se enamora del único que no puede tener a su lado y después culpa al destino a su propia decisión. La Señorita Snider me dijo que cuando el destino se cruza en tu camino, a veces no tienes alternativa.
A los 14 años ya tenia muy claro que el amor como la vida es fruto de las decisiones y el destino no tiene nada que ver. A todos les parece tan romántico Romeo y Julieta, el amor verdadero que pena, si fue tan tonta como para enamorarse del enemigo, tomar veneno e irse a dormir a una cripta, se merecía lo que le pasó.
Quizá Romeo y Julieta estuvieran destinados a unirse, aunque solo durante un tiempo. Luego pasó su momento, si lo hubieran sabido tal vez todo hubiera ido bien. Le dije a la Señorita Snider que cuando fuera mayor tomaría las riendas de mi destino, que no dejaría a ningún hombre arrástrame al abismo, y me respondió que si alguna vez sentía la pasión podía considerarme afortunada y que si la encontraba no nos separaríamos nunca. Yo sigo creyendo que el amor es una cuestión de decisiones.
Hay que dejar a un lado el veneno y la daga y buscar tu propio final feliz, casi siempre. Pero a veces, a pesar de decidir lo mejor que puedes y de tus intenciones, el destino termina por ganar."
La Señorita Snider nos hizo representar la obra. A Sam Scafarilo le tocó Romeo y a mí, cosas del destino, Julieta. Las demás estaban celosas, pero yo tenía otra opinión. Le dije a la Señorita Snider que Julieta era idiota; se enamora del único que no puede tener a su lado y después culpa al destino a su propia decisión. La Señorita Snider me dijo que cuando el destino se cruza en tu camino, a veces no tienes alternativa.
A los 14 años ya tenia muy claro que el amor como la vida es fruto de las decisiones y el destino no tiene nada que ver. A todos les parece tan romántico Romeo y Julieta, el amor verdadero que pena, si fue tan tonta como para enamorarse del enemigo, tomar veneno e irse a dormir a una cripta, se merecía lo que le pasó.
Quizá Romeo y Julieta estuvieran destinados a unirse, aunque solo durante un tiempo. Luego pasó su momento, si lo hubieran sabido tal vez todo hubiera ido bien. Le dije a la Señorita Snider que cuando fuera mayor tomaría las riendas de mi destino, que no dejaría a ningún hombre arrástrame al abismo, y me respondió que si alguna vez sentía la pasión podía considerarme afortunada y que si la encontraba no nos separaríamos nunca. Yo sigo creyendo que el amor es una cuestión de decisiones.
Hay que dejar a un lado el veneno y la daga y buscar tu propio final feliz, casi siempre. Pero a veces, a pesar de decidir lo mejor que puedes y de tus intenciones, el destino termina por ganar."
domingo, 20 de marzo de 2011
sábado, 19 de marzo de 2011
viernes, 18 de marzo de 2011
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miércoles, 9 de marzo de 2011
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viernes, 4 de marzo de 2011
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